Lo bueno de ser RRPP (Relaciones Públicas) y estar siempre detrás, entre bambalinas, es que observas y te enteras de detalles que los profesionales o el público asistentes al evento no ven. En la final del XXIV Concurso de Tapas de Zaragoza tuve ocasión de percatarme de bastantes cosas muy curiosas, entrañables y divertidas que quizá para los medios y el público pasaron desapercibidas, así que no te las han podido contar. ¡Pero yo sí puedo!

La jornada para Alicia Llamas y para mí, empezó temprano para tenerlo todo preparado en el restaurante El Cachirulo cuando llegaran los cocineros, el jurado que les iba a evaluar (contando incluso con el mejor cocinero chino de España, que sabe cocinar borrajas, así que sabe de lo que juzga) y los invitados a la final.

Nadie sabe las risas que nos echamos con los chefs y los propietarios de los establecimientos finalistas en la cocina, no sé si por los nervios o porque disfrutan haciendo su trabajo y así es fácil pasarlo bien.

Y compartir, también fue precioso ver cómo unos chefs ayudaban a otros a sacar las tapas ante el jurado ante el que, en realidad, competían. Tanto Alicia como yo, nos sentimos muy privilegiadas de vivir eso. Es único e inolvidable para los protagonistas.Tanto que eso es lo que prevalece por encima de premios y resultados. Además contar con el equipazo de Jesús Acín y con Luigi al cargo a lo largo de la jornada lo hace todo fácil y ameno. No existe el sentimiento de estar frente al mundo porque cuentas con ellos. Es como un gran hermano, con los que vas a pasar un montón de horas y que acabarían en miles de gracias y muchos besos. El equipo se competaba con Juan Luis Gaona de SocialAholic y Marcos Cebrian que hizo unas fotos increíbles durante toda la jornada.

Luigi, maitre de El Cachirulo

 

La Sorpresa:

De nuevo en la competición, entre risas y nervios, cada concursante sacó a la palestra sus mejores armas, no sólo en cuanto a la calidad de su tapa, sino con todo un alarde creativo en sus presentaciones. La Chispa de El Gratal salió con un saxofonista tocando, cómo no, La chispa de la vida del anuncio de Coca-Cola, para que no faltara autenticidad. Y no era un músico elegido al azar. Era Josemi Pérez, el saxofonista de Joaquín Sabina. Ahí es nada.

El momentazo: Luis Vicente nunca defrauda

Otro momentazo fue el de Luis Vicente, de El Escondite. Puso sus cajas de roscones en un soporte típico de tarta de bodas y le ató globos que luego soltó por la sala, dejándola decorada para todo el evento. Julia, de Lorigan Gastropub, salió recitando un manual de instrucciones para el jurado, que tardó más en comprender cómo se comía su tapa Origen que en probar todas sus partes.

Tradición y futuro: El concurso en femenino.

El momento más tierno fue el de la señora Dolores de Cafetería Servet, que salió de la cocina remangándose a defender su tapa, porque ella sabe que está muy buena independientemente de los cánones estéticos actuales, y porque sólo ella conoce el secreto de su rebozado, y se negó en rotundo a revelárselo al jurado. Su experiencia contrastaba con la juventud de Susana Casanova, gran cocinera y además para mi, una gran profesional con un atractivo presente y prometedor futuro. El pájaro que vuela de su establecimiento La Clandestina, se llevó premio. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo más gracioso:

Lo más gracioso es que unos padres concursantes se vinieron con su hija a la final y me pidieron a mí, como si fuera un médico, que le firmara un justificante para el colegio porque la niña no se quería perder ese momento épico…

Premios

Cuando por fin el jurado deliberó en secreto y bajo notario y nos dieron a Alicia y a mí las puntuaciones finales, pasamos unos nervios tremendos para no confundirnos con los premios por categorías, porque entre tanto galardón y tanto accésit, era fácil meter la pata… ¡y muy difícil explicarle a Adriana Oliveros por teléfono cómo tenía que ir presentándolos a todos! Cambios de última hora. Incorporaciones. Nombres exactos. Todo en secreto. La nota de prensa embargada. El pico cerrado y la cara de “no me hagas preguntas que no puedo contestar” encajada.

Ya quedaban pocas horas para la final. El listado de invitados fue el momento más complicado porque llegó a pocas horas. Eso ocurre cuando parte del evento es con sitting. El evento consistió en la gala propiamente dicha, un coctel de pie que invitaba a felicitaciones, fotos y sobre todo charla. Y una parte final donde se sirvió una carne y un postre sentados.

La Gala

Las 20 horas. Comenzó la gala.

La sala antes

La sala después

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llegó Adriana Oliveros esplendorosa, se subió en el escenario e hizo aplaudir a todos los presentes, tanto a las autoridades como a los patrocinadores que fueron subiendo a entregar los premios. Y, por supuesto, a los ganadores, que tenían tanta ilusión por compartir su plato conmemorativo creado por Artesanía Aliaga que subieron con toda la familia y casi se cae la plataforma. Pero no pasó nada grave, simplemente estuvimos al borde de la lágrima por empatía con las de la señora Dolores cuando subió a recibir su premio a la mejor tapa Mediterránea y con el abrazo que le dio Rubén Martín de Casa y Tinelo a su hermano, al recoger su plato a la mejor Tapa de Zaragoza.

Fernando Rivarés también regaló emocionantes momentos a la gala, pues demostró que el Frenadol a él tampoco le frena ni para cumplir con sus obligaciones para con la cultura y la economía de la ciudad, ni para arrancar aplausos al afirmar con rotundidad que el de Zaragoza es el mejor concurso de tapas de Zaragoza y del mundo. Y punto.

Tras la entrega de premios, tuvimos la oportunidad de degustar, en el cóctel posterior con el magnífico catering de El Chachirulo, el vermú ganador de la ruta del vermú Cinzano de este año. Y pasamos con las almas ya encendidas a la cena de gala, que también fue amenizada por un conjunto de jazz que movilizó a los comensales al ritmo de New York New York.

¿Y qué hicimos Alicia y yo mientras tanto? Los que organizamos los eventos y los RRPP no comemos con los invitados. En contra de lo que parece, no es estar delante si no detrás (¿quieres saber más lo que hacemos?).

Nos quedamos en la barra  lejos del gentío  tomando un plato con una buena dosis de tinto. Y de hecho muchos de los asistentes, nos visitaron en las copas improvisando nuestra particular fiesta, como no, en la barra de un bar.

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